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1969: la historia

Una chica, una playa, una guitarra, un sombrero y el sol. No cabe duda de que a finales de los sesenta la canción del verano había encontrado ya su prototipo ideal en fondo y forma, el cliché que le haría permanecer en la cresta de la ola generación tras generación. La producción estival precedente había estado presidida por un titubeo constante en cuanto al tema adecuado para arrasar en la arena. Ya hemos visto cosas tan dispares como la importación de un ritmo pseudofloclórico con ínfulas de método de baile (La yenka), una loa rockera a la motocicleta (La moto), una canción de amor con truco (Lola) y hasta un polémico galimatías del tarareo patrocinado por el régimen (La, la, la). En todas ellas se ensayaron distintos componentes de lo que ahora cuajaría en el espeso potaje del hit parade estival. Entramos ya en la era de los clásicos: Fórmula V había iniciado su andadura un año antes y Los Diablos lo harían en 1970, dos grupos que presidirían el karma sonoro de los veranos en la primera mitad de la nueva década. Había nacido la especialización, y con ella la edad dorada del fenómeno que nos ocupa. Hasta la fecha, la canción del verano se nutría de los escarceos más o menos frívolos de grupos de pop-rock, de las majaderías simpáticas de los dioses de la canción ligera y hasta de los experimentos presuntamente modernos del flamenco nacional. Pero a partir de ahora, serán legión los que –quien quiera ser éste, que le cueste- se entregarán en cuerpo y alma y en exclusiva patatera al sacrosanto arte de plasmar en una sencilla copla lo bonita que son las vacaciones cuando llega la caló.

Y a estas alturas, ustedes se preguntarán: ¿y quiénes son Los Payos? Y, más o menos a la misma altura, yo responderé. Pues unos que iban de gitanos, un trío de amigos sevillanos liderado por Josele Moreno (que posteriormente se haría humorista sin que nadie notase el cambio) y que se completaba con Eduardo Rodríguez (luego guitarrista del mítico Triana) y Luis Moreno Pibe. El formato era el clásico rumbero guitarras en ristre y pasitos cortos pero inseguros, mucho optimismo y mucha reivindicación del to er mundo e güeno. Su sonido característico era producto de la mezcla ciertamente indecente de guitarras flamenca y acústica, flauta travesera, contrabajo y batería. Los integrantes de la formación se habían forjado por separado en distintos países e incluso Moreno llegó a trabajar, no sabemos de qué, con grupos de jazz en Estados Unidos. Decididos a triunfar, se reúnen tras su etapa de aprendizaje y viajan a Madrid donde se lanzan de lleno a la producción de su primer gran trabajo discográfico, un auténtico fracaso. En 1968, y tras cambiar de manager (con dolor, pero con valentía), Los Payos comienzan a trabajarse en serio lo de la canción del verano y lanzan sus primeros cubitos de hielo, Como un adiós y La sueca, tema este último de argumento tan diáfano como hortera, y así hasta que se topan con María Isabel en la playa del oportunismo. Y, boom, flechazo comercial.

Cada una de las estrofas de María Isabel tiene un encanto especial, en la segunda, por ejemplo, destaca la neurosis compulsiva del galán, que se dedica a garabatear el nombre de su dama en la arena para borrarlo rápidamente sospechando que será el blanco de todas las pisadas. ¿Y qué decir del pasaje dedicado a la luna, justo cuando el sol pega tan de lleno que hay que ponerse sombrero y todo? Inolvidable. De todas formas, yo me quedo con el chi ri bi ri bi, interesante innovación onomatopéyica que vino a sumarse al uh uh de la motocicleta y al la la la la la del la la la la la.

María Isabel y sus surrealistas correrías playeras supusieron la confirmación del nacimiento de un género (creo que ya he pedido perdón) y la primera aproximación de la canción del verano al sentir rumbero del público español, abriendo el camino a otros monstruos de las palmetas como Peret, Los Amaya, Rumba Tres, Los Albas, Amigos de Ginés, Cantores de Híspalis, Los Golfos o Los Manolos. Juerga de brazos caídos en bermudas, con sombrero y a lo loco.

  1.  
    1 julio, 2007 | 2:00 pm
     

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