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1979: la historia

La producción musical española de 1979 fue relativamente escasa, en la misma tónica de los años precedentes, y lo poco que había en el terreno del pop estaba prácticamente dominado por la balada romántica y sucedáneos. Tequila continuaba liderando, podríamos decir que casi en solitario junto a gente como Leño o Topo a otro nivel, la renovación del rock nacional y nutriendo de ideas (junto a la avanzadilla de la nueva ola anglosajona) a una gran cantidad de jóvenes que, encerrados en garajes y locales de buena o mala muerte, preparaban la gran eclosión de los ochenta, de la que se producían atisbos como el de la Orquesta Mondragón. Por otro lado, viejos francotiradores como Miguel Ríos iniciaban su reciclaje hacia los nuevos formatos. La canción de autor tampoco se salvaba de la crisis, mientras muchos permanecían fieles a la doctrina y a la guitarra, Ana Belén y Víctor Manuel encabezaban el camino de la renovación, tras el impresionante éxito de Sólo pienso en ti.

Raffaella Carrá se encontraba por aquel entonces en la misma cresta de la ola, compitiendo a uña afilada con el gran rey del género, el sempiterno Georgie Dann, harto ya por aquel entonces de casatchocks, campesinos, bimbós, palomas blancas y cafetales. La Carrá, por su parte, también se había apuntado ya hits tan sobresalientes como Rumore (1975), En el amor todo es empezar (1976) o Fiesta (1977) y ahora le llegaba el turno a este Hay que venir al Sur (1978), muy en su línea de hembra insaciable y pseudofeminista. La italiana disponía de un escaparate de lujo, su programa de televisión, para ir lanzando los singles al gran público, fórmula que se había traído de su país natal y que funcionaba a las mil maravillas, como se pudo comprobar. Ninguna de sus canciones faltaban en las fiestas de verano.

En Hay que venir al Sur, Rafaella nos traía más de lo mismo: el topicazo del macho hispano como eje central de una tonada que, contradictoriamente, pretendía conectar con el afán generalizado de liberación de la mujer española, una vez rotas las cadenas de la dictadura y la moral de sección femenina. Ella, mujer extranjera, curtida y liberada donde las hubiera, venía a explicar en pocas palabras lo que significaba aquello del amor libre, reduciéndolo a algún que otro traqueteo, pero eso sí, en el Sur (que es donde intentaba colocar sus discos, por cierto). Contentado así a unos (potenciando su estima viril) y a otras (¿pero aún no te han liberado, chiquilla?). Y todo ello encerrado en un potaje ideológico de altura: mensajes como “Voy buscando mi libertad” o “Lo importante es que lo hagas con quieras tú”, de tendencia claramente progresista, contrastan con otros como “Para hacer bien el amor iré donde estás tú” o “Si te deja, no lo pienses más”, en los que la dependencia hacia el hombre de turno parece manifiesta. Un lío, vamos, que sólo puede trascender en análisis tan reposados y grises como éste, porque lo que es en saraos y discotecas, la cosa funciona a las mil maravillas y a ver quién es el guapo o la guapa que se pone a buscarle los tres pies al gato con un cubata en una mano y una cintura en la otra, y menos en una canción del verano, que sería algo así como parar una guagua para preguntarle al chófer si le queda gasolina.

Las otras estrellas del 79 fueron: Umberto Tozzi (Gloria),Ángela Carrasco (Quererte a ti), Miguel Bosé (Super, superman), Enrique y Ana (Baila con el hula-hoop), Betty Missiego (Su canción), Topo ( ¿Mis amigos dónde estarán? ), Ana Belén (Agapimú), Orquesta Mondragón (Ponte la peluca) y Miguel Ríos (Los viejos rockeros nunca mueren). De fuera nos llegaron los primeros modernos: Blondie (Herat of glass), The Bugles (Video killed the radio star), Pretenders (Brass in pocket) o The Police (Message in a bottle); señores del pop-rock: Supertramp (The logical song), Dire Straits (Sultans of swing) Pink Floyd (Another break in the wall), Status Quo (Whatever you want), Abba (Chiquitita) y muchos, muchísimos temas discotequeros.

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    1 julio, 2007 | 2:19 pm
     

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