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1981: la historia

Y el lobo llegó, dejando a la pobre Caperucita de un lelo impresionante. Y es que se veía venir, demasiada modernidad y libertinaje en un país que no hacía una década alucinaba en colores con los bailes regionales de la Sección Femenina y el Cara al sol per sécula seculórum como hit parade nacional. Mucho partido político, mucho referéndum, mucho asociacionismo, mucha mujer liberada y mucho cachondeo en general; y en lo que a música se refiere: mucha guitarra eléctrica, mucha letra desmadrada, mucho peludo, mucha referencia sexual y mucho de todo lo que no fuera zambomba y faralá (faralai a lunares en castizo de tablao). No se podía consentir semejante estampida de libertad, por muy democrática que fuera. Así que, ni corto ni perezoso, el teniente coronel Tejero y un manojo de guardias civiles muy de la época (bigote y aliento de cazalla a las diez de la mañana) se presentan en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero dispuestos a poner los puntos sobre las íes, y las balas en el mismo corazón de las íes también. Armamento en mano, estos ases del tricornio protagonizarían el acontecimiento más vergonzoso de la democracia española en lo que lleva de historia, integrados en una trama golpista que aún hoy día encierra grandes misterios y que, aseguran, reserva sorpresas de altura para la posteridad.

Lo cierto es que la intentona de alzamiento nacional bis, que no duró más de veinticuatro horas (justo lo que tardaron sus protagonistas en darse cuenta de lo solitos y ridículos que estaban) tuvo sus efectos secundarios. En el campo de la política, se produjo una suerte de consenso en plan unidad nacional y la fiebre roja que imperaba en las calles fue remitiendo (a excepción de las actividades de ETA), imponiéndose (una vez recuperados del shock) una suerte de conciencia democrática roma (casi sin extremos), que luego derivaría en el famoso desencanto. En el campo de la música, qué les voy a contar, basta ver la canción estrella para darse cuenta del parón y tente tieso que vivió el sector aquel año llamado a ser el de la explosión definitiva del nuevo pop-rock y que acabó en paréntesis entre lo que fue y lo que estaba por llegar.

La Caperucita feroz de los Mondragón dio paso a una Caperucita ornitóloga transparente, sin color alguno que declarar por si las moscas. Roja para nada, en cualquier caso, que no estaba el horno para tollos. Era una Caperucita María Jesús que, en lugar de cesta, viajaba por esos bosques de España con su acordeón, torturando a lobos y pajaritos por igual, aprovechando una coyuntura que no había imaginado ni en sus mejores sueños. Y es que El baile de los pajaritos (adaptación de un tema de la pareja Thomas-Rendall) cuajó perfectamente en 1981 con el sentir general del país, que no era otro que el del disimulo. La canción suena a silbido para despistar, a tarareo imberbe para hacerse el sueco. Y eso es lo que pedía el cuerpo ese año. Nadie se fiaba de nada, y lo mejor era apuntarse a lo anodino para salir del paso a la espera de tiempos mejores. No hay más que echar un vistazo a la producción musical de ese año para certificar un colapso generalizado en cantidad y calidad que contrasta con el volumen de creación y de lanzamientos de las temporadas inmediatamente precedente y posterior. Todos nos sentimos pajaritos aquel año (sin perder las formas, claro, había desde colibríes a buitres) y todos disfrutamos de la catarsis ornitológica que se vivió. A fin de cuentas, quien más quien menos necesitaba un respiro en la maratón hacia la consolidación de las nuevas estructuras y en el surgimiento de los nuevos movimientos artísticos que asomaban por un horizonte otrora nítido y ese año desdibujado entre la niebla de la reacción.

Tuvo que ser, cómo no, la música importada la que pusiera algo de sabor y variedad en las frecuencias moduladas. Una vez desinflado el globo discotequero de los setenta, los sonidos de la new wave campan a sus anchas en el mercado anglosajón de la mano, eso siempre por supuesto, de los clásicos del rock y del pop.

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    6 julio, 2007 | 6:04 pm
     

    […] 1981: El baile de los pajaritos – María Jesús y su Acordeón […]

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