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1982: la historia

1982 fue el año en que España mudó su piel tradicional, de toro que le decían, por otra de naturaleza más humana y multicolor. Tejero yacía en la cárcel y, con él, las esperanzas de una vuelta atrás en el camino emprendido por la joven democracia. Los creadores que se habían tomado un año sabático a la espera de ver resueltas las secuelas del intento de golpe de Estado, retomaron el impulso macerado a finales de los setenta y se hicieron con el país a golpe de armonías y melodías frescas transgresoras y, en muchos casos, incluso brillantes. La revolución había llegado, pero quizá no como pensaban muchos que llegaría. No era aquella una revolución política ni tan siquiera ideológica en el sentido marxista de la palabra, era más bien una rebelión estética sin patrones que se nutría de todo el que se dejaba. Lo único que parecía unir a todos aquellos músicos de lo que se daría en llamar la Movida era una admiración desmedida por la modernidad, en un claro intento de ruptura drástica con las formas y los contenidos del pasado. El triunfo del PSOE en las elecciones de octubre supondría el espaldarazo definitivo al caudal creativo de toda una generación. La palabra clave era cambio. Miguel Ríos utilizó su exitosa y larga gira de aquel año para lanzar la profecía (“Este es el tiempo del cambio, el futuro se puede tocar...”); Felipe González era el Mesías; los artistas e intelectuales progresistas actuaron de apóstoles; la Movida, de Hosanna hey; y Alaska, de María Magdalena. ¿Un Judas también? Cómo no, el ínclito Georgie koumbó de la selva.

Ese año lo pasamos bailando. No sólo con Alaska, sino con toda una pléyade de formaciones empeñadas en cambiar los formatos pachanga o fever night fever imperantes en las pistas de baile por ritmos y contorsiones que, aunque igual de lesivas para el esqueleto y la salud en general, fuesen cuanto menos distintas y elaboradas. Fue el año de Las llaves de la moto (Palmera), Bésame, tonta (Orquesta Mondragón), Me estoy volviendo loco (Azul y Negro) o del Maquillaje (Mecano), entre otros. Mientras que la facción del verano clásico atacaba con cosas como Qué dolor (Raffaella Carrá), Juntos (Paloma San Basilio), Este amor ya no se toca (Yuri), Felicidad (Albano y Romina Power), Bravo por la música (Juan Pardo) y el ya mentado Koumbó de nuestro querido Georgie Dann.

Alaska resultó ser a la postre, junto con Radio Futura, La Unión, Gabinete Caligari y Mecano, una de las pocas propuestas con vocación de futuro de toda aquella orgía de imaginación. También, como ellos, fue de las pioneras del movimiento. Ya en 1978 andaba enredada en Kaka de Luxe, formación imbuida del esquema punky en boga por aquel entonces en los círculos londinenses. De hecho, Kaka de Luxe es considerado el primer grupo de la Movida y en él estaban integrados -además de Olvido Gara (Alaska)- Nacho Canut y Carlos Berlanga (ambos artífices de Pegamoides), Fernando Márquez (el zurdo) (futuro La Mode) y Enrique Sierra (inminente Radio Futura). Tras un single trasgresor, en 1980 llegan las oportunas escisiones y Alaska se refugia en el talento de Nacho y Carlos (con la colaboración de Ana Curra y Eduardo Benavente) para encaminar su carrera. Llegan los éxitos y más escisiones. Este mismo año de 1982, Ana y Enrique toman las de Villadiego y dejan solitos al trío Olvido-Nacho-Carlos, que forman Alaska y Dinarama, con álbumes como Canciones profanas (1983), Deseo Carnal (1984), No es pecado (1986), Diez (1988) y Fan fatal (1989). Este último año llega una nueva deserción, la de Carlos Berlanga, y nace Fangoria, ya en plan dúo y sin hacer mención al nombre artístico de Olvido. En fin, todo un galimatías de encuentros y desencuentros que culminarían, ya en los noventa, con el debut en solitario de Alaska y su posterior retiro espiritual. Tampoco podemos olvidar su participación en el programa infantil La bola de cristal y en la película Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, ópera prima del también estandarte de la Movida Pedro Almodóvar (Almodóvar y MacNamara), que entonces cantaba y todo también… o hacía como que cantaba. Mire usted qué cosas.

  1.  
    3 julio, 2007 | 6:01 pm
     

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