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1983: la historia

La canción del verano navega acorde con los tiempos. Hemos comentado en un capítulo anterior la capacidad mimética de este subgénero de la música popular contemporánea para mantenerse a flote caiga lo que caiga y ya hemos podido comprobar cómo se convierte en reflejo, unas veces en forma de caricatura, otras de esperpento, del momento en que ve la luz o en que se pone de moda, hechos ambos que a veces no coinciden en el tiempo. Así que en un momento de extremada renovación del pop-rock a escala internacional, no era de extrañar que surgieran los primeros experimentos para adecuar el típico cuadro estival a los sonidos y los conceptos de la época. Sencillamente, y salvo incombustibles cuasiautistas como el Dann o la Carrá, ya nadie se conformaba con la arena, el sol, las olitas, la muchachita, el calor y demás fanfarria. Y se lograría, pero no precisamente este año, en el que el experimento quedó en una especie de adefesio de ciencia-ficción a medio camino entre Eva María de los Fórmula V y El día después. Los Righeira, máximos representantes, junto a Ryan Paris, Miko Mission, Spagna o Ken Laszlo, del spaghetti disco de esta primera mitad de los ochenta quisieron sumarse a la fiesta creativa que se producía en el mundo en general, y en España en particular, con este Vamos a la playa traicionero, canción del verano a primera escucha, pero pesadilla en Elm Street en cuanto uno se detiene un poco a discernir la letra.

¿Pero qué dices, muchacha?, que les espetarían nuestros paisanos de Sin Fundamento a estos italianos listillos. ¿Qué es eso de vamos a la playa que la bomba estalló las radiaciones tuestan con viento radiactivo y demás? ¿Sobredosis de parmesano? La letra es no sólo surrealista, sino además incomprensible. ¿Problemas de traducción? ¿Ironía barata? Vaya usted a saber. Lo único que queda en el inconsciente es el estribillo, simple y machacón como el de toda canción del verano que se precie. Y por ahí es por donde escapa. Perdón, escapó. Todo el mundo repetía el dichoso vamos a la playa como si de autómatas se trataran, así que ha quedado como otro de los clásicos del género para generaciones y generaciones de sufridos consumidores. Ni los más retorcidos y dicharacheros grupúsculos de la Movida hubiesen podido igualar semejante exhibición de gastritis mental. En fin.

Precisamente, a estas alturas Madrid, y toda España, ardía de lado a lado con la febril actividad de los integrantes de la Movida y de su público, cada vez más entusiasta y entregado a los aspectos formales que ofrecía la nueva ola. La nómina, sin estar completa aún, ya era para entonces importante: Orquesta Mondragón, Alaska y compañías, Almodóvar y MacNamara, Alphaville, El Aviador Dro, Azul y Negro, Los Bólidos, Burning, Cadillac, Clavel i Jazmín, Las Chinas, Décima Víctima, Derribos Arias, Ejecutivos Agresivos, Los Elegantes, Episodio, Espasmódicos, Esplendor Geométrico, Esqueletos, Estación Victoria, Farmacia de Guardia, Fracción del Ejército Rojo, La Fundación, Gabinete Caligari, Glutamato yeyé, Golpes Bajos, Los Iniciados, Inkilinos del Kinto, Kiki d’Akí, Loquillo, Mecano, Mermelada, Metal y Ca, La Mode, Los Modelos, Los Monaguillosh, Moris, Nacha Pop, Los Nikis, Objetivo Birmania, Olé Olé, Parafraseando a Tristan Tzara, Paraíso, Parálisis Permanente, Pistones, Polanski y el Ardor, PVP, Radio Futura, Los Seres Vacíos, Sindicato Malone, Siniestro Total, Slogan, Tino Casal y WAQ, entre otros.
Así que mientras unos se iban a la playa a sumergirse en mareas negras y charcos radiactivos, otros trabajaban duro por consolidar un movimiento que, como ya hemos visto, era tan dispar en la forma y en las concepciones, como homogéneo en su objetivo fundamental: integrar la producción española en las corrientes internacionales (anglosajonas, evidentemente) de creación musical contemporáneas. A la par, se iba conformando una de las experiencias discográficas más interesantes de la historia del pop-rock nacional, los sellos independientes, surgidos como reacción a la ceguera permanente de la industria y principales motores del crecimiento sin igual que vivió el sector en aquellos años.

  1.  
    3 julio, 2007 | 6:04 pm
     

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