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1984: la historia

Con Radio Futura llegó el milagro. ¿Una canción del verano inteligente? Si hubiésemos incluido esta pregunta en una encuesta general de la población española antes de la aparición de Escuela de calor, se tendría que haber sustituido el clásico apartado de No sabe / no contesta por el de Risas / Anda ya. Claro, que también estarían quienes pensaran que ¡Y viva España! es inteligente, pero dejemos correr esta opción, que dentro de un rato tengo cita con el psicópata. Ya analizamos en capítulos anteriores el afán de las discográficas y de un buen número de artistas por modernizar el hit estival, con resultados tan poco alentadores como el de Vamos a la playa de Righeira. Pero se hacía preciso darle un buen retoque a la moto para continuar vendiéndola bien. Y no era que el formato clásico no siguiera ofreciendo resultados (Georgie y Raffaella, por ejemplo, continuaban arrasando en el mercado verbenero-sideral), lo que ocurría es que la tarta de los ingresos estivales se veía cada vez más mermada debido a la estampida de una buena parte de la población juvenil hacia los productos independientes, modernos y experimentales. En otras palabras, que la oferta estaba tan fragmentada y descontrolada que no podía satisfacer las necesidades y los objetivos de las grandes compañías. Había que hacer algo y pronto.

El algo se llamó Radio Futura; y el pronto, 1984. Caperucita feroz y Bailando habían logrado el cetro estival de forma indirecta, pertenecen a ese grupo de canciones que, aunque comerciales, no fueron concebidas dentro de los cánones del género. Sin embargo, Escuela de calor volvía a hablar de playas, de chicas, de sol y del resto de tópicos, pero en una clave no sólo moderna, sino intelectualmente digerible. Radio Futura compartió cartel aquel año, además de con los ya consagrados en las ondas (Alaska, Mondragón, Mecano…), con varios debutantes discográficos de peso: La Unión, Ariel Rot (ex Tequila), Alarma!!! , Azúcar Moreno, 091, Hombres G, Peor Imposible, La Polla Records y Os Resentidos; y otros un tanto más escuálidos, como Claustrofobia, Cómo huele, Decibelios, Desechables, Hertzainak, Luna, Mecánica Popular, Morcillo el Bellaco y Los Rítmicos, Quinto Congreso, Tapones Visente, Trópico de Cáncer o Zarama. Pero quienes único se convirtieron en auténtica competencia del tema estrella de la temporada fueron Un hombre-lobo en París (La Unión) y Venezia (Hombres G), sin contar, claro, con la música importada, que ese año fue especialmente prolífica en cantidad y calidad: Prince (Purple rain), Queen (Radio ga-ga), Tina Turner (What’s love got to do with it), U2 (Pride), Wham! (Last Christmas), Toto (Angel don’t cry, ) o Simply Red (Stars), junto a los que aparecen en nuestra lista de éxitos USA-UK en esta misma página.

La historia de los protagonistas de nuestra entrega de hoy se remonta a 1979. Radio Futura nace por iniciativa del teclista y compositor Herminio Molero que, animado por sus buenos contactos en importantes compañías discográficas, decide convocar una audición pública para seleccionar a los que serían miembros de su (pobrecito) banda. Así aparecen los hermanos Auserón (voz y bajo, respectivamente), Enrique Sierra (guitarra) y Javier Pérez Grueso (percusión electrónica). Esta primera formación grabaría Música moderna ese mismo año. En 1980 se separan del grupo Herminio y Javier. Solrac Vázquez se hace cargo de la batería y queda conformada la formación clásica y más conocida del grupo. En 1983 llegan La estatua del Jardín Botánico y Dance Ud. (1983), y su salto definitivo a la fama. Con La ley del desierto y la ley del mar (1984), Radio Futura se convierte en el referente principal de la mayor parte de los creadores y de la industria discográfica, su estela de banda intelecto-comercial dejaría huella en el seno del pop-rock hispano. De un país en llamas (1985), La canción de Juan Perro (1987), En directo (1989), Veneno en la piel (1990), Tierra para bailar (1991) y Rarezas (1992) constituyen su currículum vinilo-CD.

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